Somos parte de la naturaleza, no sus dueños!

El movimiento de especies fuera de su área de distribución natural constituye un componente significativo de los cambios globales inducidos por actividades humanas. En el ambiente marino, la presencia de algas provenientes de otras latitudes constituye un peligro para la biodiversidad, como lo es el caso emblemático del “alga asesina”, Caulerpa taxifolia, alga verde  introducida accidentalmente en el Mar Mediterráneo desde los acuarios de peces tropicales del museo marino de Mónaco, su dispersión por varios países ha dejado una secuela de destrucción de amplias zonas de praderas de pastos marinos y la desaparición de numerosas especies de peces. Este es solo un caso emblemático, ya que se tienen registradas más de 100 especies de algas que han generado diversos problemas a nivel mundial.

En Venezuela se tiene referencias de  problemas con un alga exótica,  Ulva reticulata (Chlorophyta), especie común en aguas del océano Pacífico e Indico, la cual fue reportada por primera vez para nuestro país en 1985 para  las playas de Cumaná, estado Sucre, especie que posiblemente fue introducida accidentalmente con el agua de lastre de los barcos de transporte comercial. Esta macroalga no se encuentra fija y crece libremente en las aguas, constituyendo sus arribazones un problema al disminuir el valor turístico de las playas y  dificultar las tareas de pesca artesanal.

Posteriormente se tiene conocimiento de la  introducción desde Filipinas de  las algas Rhodophyta Eucheuma denticulatum y Kappaphycus alvarezii con fines comerciales en 1996, bajo la premisa de que su cultivo generaría nuevas fuentes de ingreso, ya que ambas especies son fuente de un gel de uso comercial denominado carragenina. El cultivo de estas especies en nuestras costas  generó polémicas ya que existía información previa sobre daños ambientales a ecosistemas coralinos en Hawai por la invasión de varias especies de Kappaphycus.  La prohibición del cultivo de estas especies en Venezuela no impidió que se dispersara  Kappaphycus alvarezii en la región nororiental, pudiendo observarse en varias partes de las islas de Margarita, Coche y costa norte del estado Sucre ejemplares saludables de esta alga arrastrados por las corrientes y depositados en las playas.

El alga Kappaphycus alvarezii  puede tener dos variantes en su color, marrón claro  o verde, y es cultivada con éxito en varias regiones costeras del Océano Pacifico, en donde constituye una importante fuente de ingresos para sus pobladores. Lamentablemente, se ha determinado que esta especie puede constituirse en un problema ambiental por su capacidad de invadir zonas coralinas, como ha acontecido en Hawai, su éxito como invasora se debe a las siguientes características: plasticidad fenotípica que favorece su persistencia en ambientes de alta y baja energía (puede adaptar su forma para soportar condiciones de oleaje fuerte, o crecer en aguas tranquilas), reproducción asexual por fragmentación que incrementa las probabilidades para su dispersión, adaptaciones fisiológicas que le permiten la coalescencia y fijación posterior a un sustrato (puede fijarse a una superficie luego de haber permanecido flotando libremente) y características químicas y morfológicas que reducen sus consumo por parte de los herbívoros.

Durante un estudio de campo el profesor Juan Bolaños, quien dirige el equipo de trabajo de Carcinología del Instituto de Investigaciones Científicas de Nueva Esparta, adscrito a la Universidad de Oriente (Núcleo Nueva Esparta, Sede Boca de Río, Isla de Margarita), encontró en la isla Cubagua un alga extraña nunca vista por sus colegas afectando una extensa zona coralina dominada por el coral de fuego Millepora alcicornis. Con la ayuda del profesor Jorge Barrios, Ficólogo que ha estudiado la problemática de la presencia de algas exóticas en nuestra costas (Instituto Oceanográfico de Venezuela, Universidad de Oriente, Núcleo de Sucre), se determinó que se trataba de Kappaphycus alvarezii, constituyendo este el segundo registro mundial de una invasión de esta especie en ambientes coralinos y el primero para el Mar Caribe. Posteriormente se efectuó una inspección con una evaluación fotográfica, determinándose que esta alga había modificado su morfología, adaptándose al sustrato, observándose blanqueamiento del coral en las zonas de contacto con el alga.

Es importante destacar que el coral de fuego Millepora alcicornis es un componente dominante en las comunidades coralinas del oriente de Venezuela, en donde es común encontrarlo junto a corales hermatípicos (formadores de arrecifes), por lo general constituye colonias en áreas de aguas tranquilas, escasa profundidad e intensa iluminación, mostrando adaptaciones morfológicas que lo hacen resistente a elevadas tasas de suspensión de sedimentos. La estructura del coral de fuego permite la existencia de una gran variedad de organismos asociados que incrementa la biodiversidad de las áreas en las que se encuentra.

Lo extenso del área afectada pone en evidencia el peligro que corren las comunidades coralinas de nuestro país por la presencia de esta alga invasora, por lo que se ha propuesto un estudio multidisciplinario dirigido por los profesores Jorge Barrios y Juan Bolaños para evaluar la situación de los  arrecifes coralinos afectados en Cubagua que incluyan una evaluación de la cobertura y biomasa de Kappaphycus alvarezii, la extensión de la zona afectada por el blanqueamiento y las especies asociadas afectadas por esta alga, para lograr finalmente la implementación de medidas para minimizar los daños en este ecosistema. Adicionalmente se propone iniciar una inspección extensiva de otras comunidades coralinas en la región nororiental de Venezuela para determinar  si están afectados por esta especie invasora.

Articulo escrito por el Profesor Jorge Barrios.

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