Somos parte de la naturaleza, no sus dueños!

Desde 1993, cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, por disposición de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Probablemente muchas personas cada vez que tienen sed sólo se dirigen a la nevera, se sirven un vaso de agua, beben y dan por cubierta su necesidad de hidratación, pero dificilmente se detienen a pensar sobre la problemática que aqueja a los recursos acuáticos a escala mundial. Nuevos términos como el estrés hídrico son usados actualmente para explicar el deterioro del agua dulce y cómo muchos los lagos y ríos están secos o contaminados y los acuíferos sobreexplotados. Por ello se debe actuar desde ya.

¿Sabías que sólo 3% del agua del planeta es dulce?

¿Y que es justamente esa la que nos mantiene con vida?

A nivel doméstico, diariamente se utiliza el agua para el aseo personal, la cocina, la limpieza del hogar o para hidratarnos, pero este recurso se acaba. Incluso, en unos pocos años, el tema podría generar serios conflictos internacionales por sus mecanismos de conservación. Para evitar esto, desde hace algún tiempo se han venido implementando efectivas políticas de manejo en varios países del mundo pero en Fundación La Tortuga estamos convencidos de que el cambio, antes de producirse a nivel industrial y agrario, sectores con mayor demanda de agua dulce, primero debe ocurrir en el hogar ¿cómo?

  • El patio se debe barrer con escoba o cepillo, no con el agua que sale de la manguera.
  • Bien es sabido que el agua se evapora con rapidez los días soleados, se debe entonces regar las plantas en la tarde o muy temprano en la mañana.
  • Cuando exista una gotera en el lavaplatos o el lavamanos, se debe reparar con rapídez y supervisar el correcto funcionamiento del resto de las tuberías.
  • Dentro del tanque del escusado se puede introducir un ladrillo para ahorrar la cantidad de agua utilizada en cada descarga.
  • Al cepillarse los dientes, ducharse o al lavar el carro, se debe cerrar la llave cuando no sea necesario el agua corriente.
  • El aceite vegetal usado en la cocina no se debe verter en el fregadero. Se debe depositar en un frasco de vidrio o envase plástico y ser depositado en el cesto habitual.
  • En los condominios conviene emplear pequeñas plantas de tratamiento de aguas servidas para finalmente verter en el mar aguas menos contaminadas o reutilizar el líquido para regar los jardines.
  • Cuando se observe una situación de despilfarro del agua debemos intervenir. Este es un recurso compartido. Por tanto, la responsabilidad de su conservación también es compartida.

Por su parte, más allá de la alta demanda y la contaminación, los recursos hídricos no escapan de la vulnerabilidad de los impactos del cambio climático. En Venezuela, cerca del 70% de la electricidad proviene de centrales hidroeléctricas. La disminución de las precipitaciones podrían afectar los caudales de las cuencas donde se genera la electricidad y las consecuencias de esto se verían rápidamente reflejadas en casas, empresas y fábricas. Asimismo, conviene recordar que a pesar de que el agua que necesite el hombre sea dulce, la responsabilidad ambiental se debe aplicar para los espacios marinos, dada la situación de que la mayoría de las actividades que realiza el hombre en tierra firme para su desarrollo, impactan sobre los mares y océanos, justo en las zonas donde se encuentra la seguridad alimentaria de buena parte de la población mundial.

Prensa Fundación La Tortuga – Alejandra Villegas

Fotografía: David Domínguez

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